El respeto a la libertad de convicciones del ciudadano

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Hoy día  en la dinámica de los estados hay  fuerzas diversas que  impiden el ejercicio de derechos civiles fundamentales. La libertad debe presidir todas las manifestaciones de la vida social: la cultura y la economía, el trabajo y el descanso, la vida de familia y la convivencia social . 

Se debe respetar  constantemente la libertad de cada persona a vivir conforme a sus convicciones o a su fe  y no siempre este derecho se hace realidad. Cualquier pretensión de imponer con la fuerza o el engaño, unas determinadas convicciones políticas o creencias es incompatible con el respeto a la libertad que reclama la dignidad humana.

En este sentido es conveniente distinguir al menos entre dos supuestos: el de un “Estado laico” y el de un “Estado laicista”.

El primero, tal como lo entendemos aquí, responde –con términos de Martin Rhonheimer– a un “concepto político de laicidad”  que justamente excluye de la esfera política y jurídica toda pretensión de dirigir la vida religiosa de los ciudadanos mediante normas referentes a la verdad religiosa; el segundo, en cambio, responde a un “concepto “integrista” de laicidad” , que niega relevancia pública a la religión y pretende que la actuación del Estado haga abstracción de toda referencia religiosa, olvidando que “la autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal, debe reconocer la vida religiosa de los ciudadanos y favorecerla”

En el primer supuesto los ciudadanos disponen de la libertad para contribuir a la formación de estructuras y de costumbres  conformes a la dignidad de la persona humana y, por tanto, acordes con la ley natural . Nada hay en ese marco que le impida obrar de acuerdo con su fe, aunque habrá siempre cierta “tensión”, análoga a la que existe entre el fermento y la masa, porque la calidad de esas instituciones y costumbres depende de la rectitud moral de las personas, que siempre puede mejorar.

El segundo supuesto constituye, por el contrario, un cuadro de injusta coacción más o menos pronunciada y visible. El ciudadano no ha de conformarse con esta situación impropia de la dignidad humana y realizará el esfuerzo necesario para cambiarla por los cauces que le ofrezca la convivencia civil: argumentando, procurando convencer, apelando a la defensa de la libertad…

Este esfuerzo debe desmarcarse claramente de un tercer supuesto, el “integrismo político-religioso”, típico de las teocracias islámicas y caracterizado por una confusión de estos dos ámbitos de la vida pública lo cual vulnera el derecho a la libertad religiosa y también la libertad política.

El ciudadano honrado debe fomentar con su  comportamiento la mentalidad laical o sana laicidad explicada en el primer supuesto,  que se resume en las palabras de Jesús  “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”,  con la separación clara y el respeto mutuo del ámbito político y el de las creencias;  algo muy  diferente  del planteamiento del integrismo laicista  que hoy día gana terreno e intenta ahogar la libertad en muchas sociedades occidentales.

One Response to El respeto a la libertad de convicciones del ciudadano

  1. Carmen

    Excelente análisis. Es preciso dejar claras las ideas en temas importantes

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