El populismo tiende a la baja

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Desde el inicio del siglo XXI, ha irrumpido en España una nueva sociedad civil que ha engrosado las formaciones populistas de ideología totalitaria comunista, asamblearia y de plazuela, protagonizada en su mayoría por una juventud que ha vivido sin austeridades y educada bajo la LOGSE, el peor plan de enseñanza del último siglo. Todos movidos por un entusiasmo proporcional a su ignorancia histórica. Ni los libros, ni el colegio, ni sus padres les han hablado jamás de Lenin y sus sucesores, ni de las hazañas de sangre y hambre con que aplastaron a la humanidad.

Con esta triste base, pretenden dirigir los destinos de España y de sus abuelos, educados con mejores planes de enseñanza, más instruidos, más maduros, con mayor experiencia y con un conocimiento perfecto de la amenaza totalitaria populista, que sí han estudiado, leído, oído y, algunos, sufrido.
Algo ha debido fallar para que no hayamos sabido transmitir los ideales democráticos y para que retocen por los terrenos totalitarios del Lenin caribeño que asola Venezuela.

Sentenciaba Jaime Balmes que “La falsedad del juicio depende muchas veces de la mala percepción…”. No parece descabellado afirmar que, en nuestra situación actual, el odio sectario genera percepciones falsas que derivan en juicios errad+os pero útiles para la causa marxista.

Ha de reconocerse que el nuevo marxismo español esgrime y explota brillantemente esa actitud de odio. Y le da resultados a juzgar por los jóvenes veinteañeros que gritan furibundos contra la famosa dictadura franquista, como si la hubieran vivido, y lo hacen con tanto entusiasmo que, incluso, superan a sus profesores en la lucha por la causa.

Además, nuestro actual populismo leninista mantiene y refuerza los caprichos históricos de sus mayores en cuanto a la interpretación de la historia de España. Uno muy grave es el hecho de que para ellos la historia de España empieza con la Guerra de la Independencia, porque, según su óptica, fue el momento en que el pueblo español tomó las armas contra el invasor. Además, en Cádiz, el pueblo sublevado hizo brotar la Constitución de 1812, que, al parecer, purificó todos los males totalitarios anteriores. Es una lástima que sus propagandistas no repararan en las alusiones de la Pepa a Dios, al rey y a la patria unitaria.

Además, consideran que ni los visigodos, ni los Reyes Católicos, ni los Austrias, ni los Borbones merecen el más mínimo respeto. También califican de genocidio nuestra colonización de las Américas. Qué decir de su borroso concepto de patria y la fijación de ganar, en la paz, la guerra civil. Para ello, mienten, manipulan y recortan a placer los libros de historia de nuestros escolares. Nos cuentan que el levantamiento del 18 de julio de 1936 fue ilegítimo e innecesario: tan sólo fue un capricho de militares fascistas. Nunca una rebelión de “media España que no se resignaba a morir” –Gil Robles dixit– a manos de un gobierno criminal deslegitimado, por acción o por omisión.

Pero los nuevos marxistas reencarnados en populistas nos sorprenden también con otras ocurrencias, como la promoción de la bicicleta como elemento básico de transporte, aunque ellos van en coche; el culto a las calles peatonales, aunque se conviertan por la noche en nido de maleantes y por el día en generadoras de atascos. No hablemos de su curiosa interpretación de la defensa de los derechos humanos. Pareciera que los únicos colectivos oprimidos en nuestra geografía hispana son: las mujeres (violencia de “género”); los colectivos LGTB, contra los que supuestamente nos hemos cebado en vejaciones e intolerancias; y, por último, los animales, que parecen haber alcanzado en las mentes populistas un nivel más alto en el escalafón de las criaturas, superando al del hombre, al que se aborta sin compasión porque los sabios y entendidos políticos lo consideran un vulgar saco de células.

Lo peor de estas banalidades caprichosas es que tienen su coste, porque el resultado final de su imposición es el recorte creciente de libertades. ¿Cuánto duraría este populismo leninista de plazuela, que algunos persiguen?
Precisamente el haberse ideologizado en exceso con claros rasgos marxistas, tras haber nacido como un movimiento capaz de atraer a todos los descontentos e indignados de España, está espantando a cientos de miles de simpatizantes que han dejado de votarlos, y otros muchos que dejarán de hacerlo, como muestran las últimas encuestas.

Emilio Montero Herrero

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