De lo que no son conscientes quienes congelan sus óvulos

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Recientes fallos en los sistemas de congelación de dos clínicas de fertilidad en las ciudades de Cleveland y San Francisco (EE.UU.), han terminado dañando los óvulos y embriones almacenados allí por cientos de clientes. Así, algunos que fían sus planes de procreación futuros a un mecanismo que puede dar al traste con todo, bien pueden preocuparse.

Un artículo del New York Times recuerda que la práctica de congelar óvulos y embriones ha estado muy en boga, por ejemplo, entre los empleados de las grandes tecnológicas de Silicon Valley, a quienes se les ofrece como un servicio. Pero el periódico se pregunta qué esperar ante incidentes como los mencionados, y cuán frecuentes son en las 450 o 500 clínicas existentes en el país.

Fuente: The New York Times

Un fallo en los tanques de congelación es “la pesadilla de toda clínica”, asegura la doctora Julie Lamb, directora del centro Pacific NW Fertility, en Seattle. Lamb ha tenido que responder recientemente a las preguntas de decenas de clientes preocupados y darles garantías de que los tanques tienen un sistema de alarma de que los miembros del equipo también los inspeccionan personalmente dos veces al día, aunque, como se ha visto, ningún protocolo es infalible.

Por su parte, Jake Anderson, del sitio web Fertility IQ, anota que las instituciones de Cleveland y San Francisco, clínicas grandes y de gran reputación, que eran objeto de supervisión frecuente, reconocieron los problemas rápidamente, pero que no todos los centros operan de esa manera. A Anderson le preocupan las pequeñas clínicas privadas que, sin vínculos con hospitales o universidades, se muestran menos dispuestas a reconocer públicamente los fallos.

“Si algo así ocurre en otros sitios privados, la gente puede llevárselo a la tumba; nunca dirán una palabra”, asegura. “¿Cómo pensar que los centros bien gestionados, que tienen consejos de vigilancia y supervisión clínica, son los únicos a los que les ocurren estos problemas? Yo creo lo contrario”.

El diario neoyorquino aporta otros datos sobre el tema, como cuántos de los óvulos o embriones congelados terminan derivando finalmente en bebés. “No está claro. El congelamiento de óvulos ha aumentado notablemente: de unas 475 mujeres que lo hicieron en 2009 a las 6.207 en 2015 (…). Pero mientras que más de 20.000 norteamericanas han congelado sus óvulos, la inmensa mayoría, un 85% de ellas, no los han descongelado, lo que sería el primer paso hacia la creación de un embrión saludable”.

Ello significa, agrega la fuente, que no hay casos suficientes como para valorar y obtener datos sólidos de las posibilidades de éxito, y que muchas clínicas que congelan óvulos no tienen experiencia en descongelarlos –algo más difícil que descongelar los embriones– y seguir el proceso.

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