Libertad y elecciones en España

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Acabamos de celebrar unas  nuevas eleeciones legislativas en nuestro país con los resultados ya conocidos, que tendrán su segunda vuelta en el mes de mayo con las autonómicas y municipales.

Si algo cabe destacar en estos comicios, como por otro lado hemos constatado ya en los anteriores, es la madurez democrática de la sociedad española y el respeto absoluto a la libertad de pensamiento e ideológica de cada uno de los contendientes y por extensión de cada uno de sus votantes.

El  respeto a la libertad personal de todos, la del que pasa ahora mismo por la calle, la de los que no piensan como nosotros en cuestiones opinables como son las políticas; es el presupuesto moral fundamental en una sociedad. El que no ama la libertad de los demás, no puede defender la suya propia. Podríamos decir que la razón moral fundamental que avala estas afirmaciones, es que Jesús de Nazaret  murió en la Cruz para darnos la libertad, para que nos quedáramos en la libertad de los hijos de Dios.

Por otro porque sin libertad no se puede querer a los demás. El mayor regalo que el ser humano ha recibido es el haber sido creado libre. Con esa facultad constitutiva de nuestra esencia humana los políticos pueden y deben dedicar todas las energías posibles por mejorar las condiciones laborales y personales del mayor número posible de ciudadanos.

Siendo consecuente con sus ideas, cada uno de los partidos ganadores en las elecciones deben intentar construir una sociedad digna del ser humano,  según sus libres opciones en el ámbito de las cuestiones políticas opinables. Un mundo digno del hombre es un mundo de libertad, pero no de una libertad absoluta e incondicionada, al modo del liberalismo o limitada drasticamente por el estado al modo del marxismo.

Un mundo digno de las mujeres y los hombres de nuestra sociedad es un mundo de libertad con responsabilidad; un mundo en el que se defiendan los derechos de la persona, pero también en el que se exija el cumplimiento de sus deberes sociales. Un mundo en el que las estructuras económicas, sociales y políticas sean reflejo y defensa de la dignidad de todas las personas, y no sólo de algunas.

Esperemos que los políticos llamados a dirigir las instituciones de nuestro país cuando finalicen los dos procesos elctorales previstos: parlamentarios, autonómicos y municipales; sepan cumplir exquisitamente con la alta misión que sus puestos de responsabilidad les exigen y consigan generar las condiciones para que nuestra sociedad sea cada vez más solidaria y justa.

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