Ingenieros 4.0 ¿listos para la revolución?

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Que la industria 4.0 es una realidad y que está irrumpiendo con fuerza en nuestro ecosistema empresarial es algo poco cuestionado. Basta dedicar un rato a buscar en Google para encontrar más cuatrocientos millones de resultados sobre este fenómeno, para enterarse de que Estados Unidos va a invertir alrededor de novecientos billones de dólares al año en la modernización de sus industrias, o para conocer las cerca de treinta iniciativas europeas que existen para financiar transformaciones digitales, como la industria conectada 4.0 del Gobierno de España o la Basque Industry 4.0 impulsada por el Administración vasca.

Aunque todavía no tenemos una definición unívoca de este concepto, el ministerio español lo concreta diciendo que «la industria 4.0 se refiere a la cuarta revolución industrial que consiste en la introducción de las tecnologías digitales en la industria». Parece que hay cierto consenso al afirmar que la industria 4.0 es un amplio entramado que recoge aspectos como la captación y análisis de datos, los robots autónomos, la impresión 3D, el cloudcomputing o la ciberseguridad, entre otros. En esta línea, la consultora McKinsey resume en cuatro pilares las tecnologías sobre las que se construye la industria 4.0: la generación de datos, el análisis de la información, la interacción humano-máquina y, finalmente, el paso de lo digital al mundo físico.

A medida que vamos clarificando el contenido de este término, se nos presentan nuevos interrogantes a los que nos dedicamos a la enseñanza: ¿estamos formando bien a los ingenieros del mañana?, ¿están capacitados nuestros alumnos para trabajar en entornos 4.0?, ¿podrán enfrentarse a los nuevos problemas que están apareciendo en la industria y la empresa actual? Centrando el foco, podríamos preguntarnos: ¿qué competencias debe desarrollar un ingeniero 4.0?, ¿tienen en cuenta nuestros programas de máster las necesidades que están demandando las industrias?, ¿qué nuevos conocimientos, habilidades y destrezas debemos potenciar en el aula del siglo XXI? Desde el punto de vista técnico, recobran especial importancia aspectos conocidos como la definición y organización de procesos, la programación o las tecnologías de transmisión y procesamiento de datos. Por otro lado, la sensorización, el diseño de interfaces gráficas, la visión artificial, la realidad aumentada y el mantenimiento de equipos electrónicos son clave en el nuevo entorno industrial. Además, a la estadística se le une la necesidad de dominar tecnologías de data analytics. Y me parece que un campo irrenunciable viene de la mano de la seguridad de la información.

Pero la cosa no queda ahí ya que cualquier cambio afecta a las personas que lo tienen que llevar a la práctica. Por eso, además de las competencias técnicas también deberíamos dedicar tiempo a pensar qué destrezas personales deben desarrollar nuestros alumnos para convertirse en buenos ingenieros 4.0. La adaptabilidad al cambio y la confianza en las nuevas tecnologías constituyen dos requisitos indispensables para poder sumergirse en esta creciente realidad. No menos importantes resultan todas aquellas cualidades que tienen que ver con las relaciones personales ya que, si interconectamos todo, la necesidad de la colaboración, la multidisciplinariedad y el trabajo en equipo obtendrán aún más relevancia. Finalmente, otras dos habilidades cada vez más invocadas son la capacidad para definir nuevos puestos de trabajo y la resiliencia personal porque, si algo sabemos del cambio, es que es incierto y que, en él, aprendemos a base de prueba y error.

No lo tenemos fácil, pero no podemos quedarnos parados. La tecnología avanza, la industria progresa y, desde la universidad tenemos el reto de formar a nuestros alumnos para que puedan adentrarse con éxito en esta nueva realidad. Los que nos dedicamos a la docencia nos encontramos con un desafío no pequeño: repensar nuestra oferta educativa para poder responder afirmativamente que estamos formando a los ingenieros 4.0 que necesita el mañana.

Álvaro Lleó 

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