La crueldad de los incendios forestales

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Cuando llega la época estival vuelven a producirse noticias de incendios forestales en diversos lugares de nuestro país.  Aunque la sequía del campo es un factor relevante en el origen de dichos incendios, año tras año se produce la constatación de que muchos de ellos han sido provocados. Ante esta cruda realidad, a las personas de bien nos surge la pregunta ¿Cómo puede haber personas con tanta maldad y tan evidente falta de amor a la naturaleza?

Llegados a este punto convienen analizar en profundidad el sentido del verdadero ecologismo. No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada. Esto pone en riesgo el sentido de la lucha por el ambiente. Todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad.

Por otra parte, cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad. Por consiguiente, también es verdad que la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de este mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos. El corazón es uno solo, y la misma miseria que lleva a maltratar a un animal o al medio ambiente, no tarda en manifestarse en la relación con las demás personas. Todo ensañamiento con cualquier criatura es contrario a la dignidad humana.

No podemos considerarnos grandes amantes si excluimos de nuestros intereses alguna parte de la realidad: paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer en el reduccionismo. Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra.

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