Ciberentusiastas frente a ciberapocalípticos aguafiestas

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   Is Google Making Us Stupid? fue el título de un artículo de Nicholas Carr publicado en 2008 que aún sigue dando coletazos (cfr. Aceprensa 29-10-2008). Carr, antiguo editor de la Harvard Business Review, mostraba su inquietud porque la lectura en Internet suponía para el lector pérdida de capacidad de concentración, dificultad para enfrentarse a textos largos y superficialidad en el continuo salto de una fuente a otra en la red. Otros afirman que el uso de Internet mejora nuestras capacidades cognitivas y aun nuestras cualidades mrales.

Fuente: Patricia Morodo-Aceprensa

En febrero de 2010 el Pew Research Center’s Internet & American Life Project ha publicado el cuarto de sus estudios sobre Internet, basado en una encuesta realizada a 900 expertos, entre profesores universitarios, responsables de empresas tecnológicas o líderes de la Red. La mitad son veteranos: están en Internet desde 1992.

El estudio muestra la importancia del artículo de Carr citándolo y respondiendo a cada una de sus cuestiones. Carr alude a la necesidad de la concentración que facilita la lectura profunda frente a la rapidez y superficialidad en que se basa la navegación online. Los encuestados son más optimistas. Un 76% opina que Internet mejorará nuestras capacidades cognitivas.

Carr sólo aporta su experiencia, su opinión y la de algunos más. El Pew Research se apoya en encuestas; es decir, otras opiniones. Por tanto, no existen estudios científicos que puedan demostrar la influencia de Internet en nuestros procesos cognitivos.

Creatividad y generosidad

La mayoría de esos encuestados no se refiere únicamente al aumento de la inteligencia sino también a la mejora en la capacidad de leer y escribir, y al rápido, gratuito y fácil acceso a la información.

Algunas respuestas resaltan la democratización del conocimiento y de la creatividad en la era de Internet. Parece que, en vez de tratar de la mejora de la inteligencia, estemos solventando un asunto de clases sociales, de cambio de status, de emancipación y libertad.

Esto parece confirmarlo la declaración de Clay Shirky, profesor del programa de Telecomunicaciones Interactivas en New York University. Shirky, considerado uno de los grandes especialistas mundiales en el fenómeno de las redes sociales y la transformación de los media. En su último libro, Cognitive Surplus: Creativity and Generosity in a Connected Age, afirma que la gente es más creativa y generosa de lo que habíamos imaginado, y prefiere utilizar su tiempo libre participando en actividades online como la Wikipedia –sin ninguna recompensa económica– porque satisfacen la necesidad humana primordial de creatividad y relaciones sociales. “Los seres humanos quieren crear y compartir antes que consumir pasivamente los productos de una élite privilegiada”, asegura Shirky.

De consumidores a colaboradores

La cuestión planteada por Carr sobre si el uso de Internet mejora o no la inteligencia es difícil de comprobar y además polémica. Así que el debate se ha deslizado hacia una afirmación fácilmente comprobable y del gusto de todos los usuarios: el libre y gratuito acceso a la información. La red se ha convertido en el paradigma de la libertad y la creatividad. Ésta se une a la generosidad de colgar contenidos gratuitos en la red, más por afán de mostrar la propia creación –es el caso de los millones de blogs existentes–, y de colaborar para el libre y universal acceso al conocimiento, como el ejemplo de Wikipedia. De ese libre acceso a la información, se pasa a identificar información con conocimiento y ésta con igualdad de oportunidades.

Esta utilidad incuestionable de Internet es ambivalente. Por un lado queda por demostrar si el simple hecho de acceder a la información y a diversos almacenes de conocimientos en la red proporciona una verdadera igualdad de oportunidades. Aquí hay tener en cuenta otros muchos factores y no olvidar que se requiere la inteligencia previa a la herramienta para discriminar esa información, organizarla, discernir su relevancia, comprenderla, asimilarla, sintetizarla, argumentar con ella de modo inductivo o deductivo.

Por otro lado, la calidad de la información que los no-profesionales vierten en la red es objeto también de posturas a favor y en contra. Muchas noticias han aparecido desde hace unos meses en los medios sobre el problema de los que hacen tareas de periodistas sin serlo y dañan la calidad de la información.

Incentivos para detenerse a pensar

Carr ha desarrollado su teoría sobre Internet en El gran interruptor (1). Cita a un dramaturgo, Richard Foreman, que a comienzos de 2005 llevó a los escenarios su drama surrealista The Gods Are Pounding My Head. En una nota a su audiencia describía lo que le inspiró: “Provengo de una cultura tradicional occidental en la que el ideal –mi ideal– era la estructura densa y compleja, como la de una catedral, de una personalidad muy articulada y cultivada, un hombre y una mujer que en su interior encierran una versión única y construida por ellos mismos de toda la herencia de Occidente”.

Continúa Carr: “Las páginas impresas, el medio de información predominante durante los últimos 500 años, ha moldeado nuestra mentalidad a través, de según Neil Postman, ‘su énfasis en la lógica, la secuencia, la historia, la exposición, la objetividad, el distanciamiento y la disciplina’. El énfasis de Internet, nuestro nuevo medio universal, es completamente diferente. Hace hincapié en la inmediatez, la simultaneidad, la eventualidad, la subjetividad, la eliminación y sobre todo, la velocidad. La red no proporciona ningún incentivo para detenerse a pensar en profundidad sobre algo, para construir en nuestra memoria ese ‘depósito denso’ de conocimiento que tanto aprecia Foreman”.

Cambios en el modo de pensar

Carr acaba de publicar un nuevo libro, aún no traducido: The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains (título que podría traducirse como Los superficiales. Qué hace Internet a nuestro cerebro). Abundando en su tesis, Carr sostiene que Internet está modificando nuestro cerebro, lo cual tiene también consecuencias en el modo en que vivimos y nos comunicamos. La web nos está moviendo de la profundidad del pensamiento a la superficialidad de la distracción.

Otra afirmación que enriquece el debate es la del neurólogo Gary Small, de la UCLA. También afirma que utilizar Internet todos los días modifica sutilmente nuestro cerebro, pero haciéndonos -casi siempre- un poco más listos. Small ha volcado sus teorías en un libro titulado en castellano El cerebro digital (ediciones Urano).

Parece, por tanto, que hay poco demostrado y sí dos posturas claramente definidas: Internet dificulta la concentración en un esfuerzo intelectual serio / Internet mejora el uso de nuestro cerebro. Posturas amplificadas y exacerbadas por el caluroso debate generado en la red sobre este tema.

Argumentos y razones hay para todos los gustos. Aún otra más que apoya a Carr: “Vivimos en una época en que valores como brevedad, superficialidad, rapidez y simpleza son absolutos. Nunca lo habían sido. Los valores que desarrollaron nuestra sociedad fueron los de la dificultad (para aprender a sobrellevar los problemas, la lentitud (para reflexionar y no actuar impulsivamente) y la profundidad (para saber adentrarse en un problema). Si se prescinde de esos valores se obtienen reacciones banales fácilmente manipulables”. Son palabras de Alberto Manguel, entrevistado en El País (1-09-2010). El escritor y editor argentino, autor de Una hstoria de la lectura, acaba de publicar un nuevo libro La ciudad de las palabras, donde alude a los retos del presente: el elogio de la facilidad y la negación de la inteligencia.

Sería banal echar la culpa a la herramienta, ponernos apocalípticos y considerar que la cultura “seria” se derrumba. Hoy por hoy, sigue siendo posible acceder a la cultura densa, compleja a través de los textos clásicos y navegar por la red y utilizar su rapidez e inmediatez. No sabemos qué dirección tomará la revolución que Internet ha provocado, pero cada usuario, ciudadano o consumidor puede seguir eligiendo en cada momento el tiempo y los sitios que maneja online, el uso que da a los servicios y contenidos de la red, y lo que dedica a la densa y compleja cultura.

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