¿Cuáles son las dificultades y problemas más frecuentes en el estudio de nuestros hijos? (I)

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estudiantes-problemasChicos y chicas que hacen que estudian

Son chicos que pasan bastante tiempo sentados en su habitación, pero no aprovechan el tiempo y se distraen con cualquier cosa. Suelen ser además muy lentos. Este es un problema bastante habitual.

Suelen tener un déficit de hábitos, que les impide aprovechar el tiempo. Además, suelen ser chicos que no saben estudiar, y se limitan leer el libro, sin subrayar ni hacer esquemas que les ayuden a memorizar.
A este tipo de niños hay que ayudarles a concretar su aprovechamiento del tiempo, con la ayuda de un horario y un plan de estudio diario, haciéndoles ver que vale más poco tiempo, pero bien aprovechado, que mucho tiempo pero desperdiciado.
Un buen plan de acción con este tipo de niños es hacer con ellos a diario un pequeño cuadrante en el que programen las actividades que van a hacer y en cuánto tiempo cada una. Y cada vez que acaben una, firman debajo. De ese modo, si se les motiva y felicita, irán mejorando su aprovechamiento del tiempo.

Chicos y chicas que estudian solo los últimos días

Son estudiantes desordenados y perezosos, que intentan “salvar los muebles” cuando no queda más remedio, si hace falta, quedándose sin dormir un par de noches antes de los exámenes.
Al menos, suelen mostrar interés y esfuerzo por aprobar, y esto hay que reconocérselo. El problema es que, estudiando el último día el riesgo de no conseguirlo es muy alto. El otro problema de esta manera de estudiar está en que no deja poso. Lo que se ha aprendido de un atracón, se olvida en dos días.
Con este tipo de alumnos lo que hay que trabajar es el orden: tienen que tener un horario de trabajo diario y tienen que saber planificarse a corto plazo para que no les “pille el toro” con los exámenes. Es algo tan simple como empezar a estudiarlos, poco a poco, con una semana de antelación y no los dos días previos.
Y, sobre todo, a este tipo de alumnos hay dos ideas que hay que dejarles muy claras, y que, si reflexiona un poco y son sinceros, tienen que reconocer que son ciertas: los apuros debidos a la falta de tiempo suelen ser en realidad debidos a la falta de orden y la segunda: un buen estudiante no tiene por qué quedarse una noche sin dormir para estudiar un examen.

Confundir “lo entiendo” con “ya me lo sé”

Suelen ser chicos bastante inteligentes, que cogen las cosas a la primera y ya por eso se creen que se lo saben y no realizan el esfuerzo de aprendérselas bien. Se equivocan al pensar que no hace falta memorizar las cosas, hacer más ejercicios prácticos y fijarlas en la memoria.
Estos alumnos, a veces, son los que saben hacer las cosas (por ejemplo en matemáticas), pero se equivocan debido a la falta de práctica y de ejercitación.
A este tipo de chicos hay que ayudarles a que sigan los pasos normales en cualquier proceso de aprendizaje: comprensión, resumen o esquema, práctica y memorización. El problema es que se quedan en el primer paso. Este tipo de chicos, en cuanto maduran lo suficiente como para darse cuenta de lo que están haciendo mal, si son un poco dóciles suelen superar este problema sin mayores dificultades.

Chicos y chicas a los que se les atraganta determinada asignatura o determinado profesor

Siempre habrá alguna área del conocimiento que no nos guste demasiado. Otras veces, nos tropezaremos con asignaturas que nos resultan realmente complicadas y que nos exigen un esfuerzo muy grande. Así es la vida de un estudiante. Hay que hacer ver a nuestros hijos que las dificultades nos incitan a la autosuperación. Son un desafío al que no debemos faltar, y ante el cual no vale autojustificarse. Además, cuando se ha logrado superar una dificultad de este tipo, la satisfacción es muy grande.
En algunas ocasiones se cruza en la trayectoria de nuestros hijos un profesor demasiado duro. Si es así, les suele venir muy bien. Luego, en el futuro, ese profesor será del que más grato recuerdo tengan.
Otro caso diferente es el de los malos profesores, que crean en torno suyo un rechazo hacia la materia que imparten. Por suerte, hay muy pocos profesores de este tipo. Pero, en cualquiera de estos casos, el alumno no debe sentirse justificado para no esforzarse en superar la asignatura. Las dificultades están para superarlas.

Chicos y chicas que no se concentran

Les cuesta ponerse, y, una vez que se ponen, en seguida se cansan, se levantan de la silla, etc. Si están sentados, se les va el tiempo de las manos sin apenas rendimiento
La concentración es una destreza mental que hay que practicar y entrenar poco a poco, y en la que hay que ejercitarse a lo largo de toda la vida, ya que implica un esfuerzo de la voluntad, que será mayor cuanto menos agradable nos resulte el tema en el que se nos exige dicha concentración.
Como decíamos, con los hijos hay que ir poco a poco. La meta es que, ya en la ESO aguanten concentrados una hora entera. Algunas cosas que pueden ayudarles a crecer en este aspecto tan esencial al estudio pueden ser.
• Quitar de su entorno cualquier elemento de distracción que pueda haber (juguetes, cuentos, tebeos, música, televisión, ruidos, etc.)
• Comenzar a estudiar siempre a una hora fija Así se le ayuda a crear el hábito.
• Marcar un tiempo para cada actividad. Si el chico sabe que tiene un tiempo ilimitado para realizar sus tareas, será mucho más difícil que se centre en ellas y que no pierda el tiempo.
• Intercalar descansos, no muy prolongados, entre unas actividades y otras.
• Practicar con ejercicios de concentración.

Pablo Garrido

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