Día de la Tierra y ecologismo

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El pasado  22 de Abril  celebramos el Día de la Tierra. Este día  fue promovido, el senador estadounidense Gaylord Nelson,  para crear una conciencia común ante el peligro de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras cuestiones ambientales relativas a nuestro planeta.

El éxito que este  tipo de celebraciones es grande debido al arraigado sentimiento de amor y cuidado de la naturaleza que la mayoría de los seres humanos llevamos dentro y que no necesariamente tiene que manifestarse en la militancia expresa en un colectivo ecologista o movimiento “verde”.

El ecologismo moderno está encontrando un extraordinario eco intentando encauzar ese sentimiento primigenio del ser humano a la vez que reclama una serie de respuestas a un pretendido peligro global que nos llevaría a la destrucción del Planeta en un futuro no demasiado lejano.

Este ecologismo militante, heredero de los movimientos pacifistas y de vuelta a la naturaleza de los años sesenta del siglo pasado, ha adquirido, en nuestros días, un sólido sustrato ideológico que lo convierte en una nueva visión global de la vida y del hombre, plasmado en multitud de movimientos así como en partidos políticos “verdes” algunos de los cuales han conseguido participar en los gobiernos.

Según algunos, este tipo de ecologistas serían en cierto modo como “los predicadores de una nueva religión, planetaria e internacional: la “adoración del planeta” eliminaría los otros tipos de creencias y fidelidades”.

Quizá esta apreciación, excesivamente exagerada, no sirva para explicar del todo un fenómeno social complejo como es el del ecologismo. La idea ecologista es compartida por multitud de personas que no por ello han renunciado a sus creencias, pero no podemos dejar de reconocer, porque es a todas luces patente, que eso que hemos venido en llamar “ecologismo militante” posee un sistema de valores propio, una cosmovisión en definitiva, así como una serie de estrategias y modos de plantear los temas, de presentar sus hipótesis que a fuerza de repetirlas machaconamente llegan a convertirlas en leyes científicas de validez universal.

Hay innumerables ejemplos que avalan la anterior afirmación y todos ellos tienen un denominador común: su visión catastrofista.

Vamos a centrarnos en uno de los tópicos más extendidos y que más han calado en la opinión pública: la idea de que la natalidad es el principal enemigo del planeta. Sus defensores propugnan que, si la población no deja de crecer, los recursos se agotarán y el medio ambiente sufrirá un deterioro progresivo.

Son numerosos los datos recogidos por las diversas organizaciones que integran la ONU que demuestran que la causa del gran crecimiento demográfico en este siglo es el notable descenso de la mortalidad, lo que en sí contradice el catastrofismo. Todo baby boom es una explosión de nacimientos acompañada luego de una reducción de la natalidad, que se produce cuando las primeras generaciones no diezmadas alcanzan la edad de tener hijos. Y entonces tienen menos, porque saben que les sobrevivirán más. Así ocurrió en Occidente y está ocurriendo ya en el Tercer Mundo, donde bajan los índices de fecundidad.

Aun así, los elevados números absolutos evocan la posibilidad de que se agoten los recursos, en este caso, los profetas de desdichas presentan la Tierra como si fuera un hotel de plazas limitadas y sus riquezas, como un lote fijo. Los datos anteriormente aludidos, así como los estudios recogidos en numerosos libros editados muestran que las profecías de hambrunas y escasez generalizadas, nunca se han cumplido: al contrario, los recursos -incluidos los no renovables, como el petróleo- no han dejado de crecer. La explicación está en el trabajo y en el progreso tecnológico.

De todas formas, los estudios aludidos no ocultan los problemas: los sitúan en sus verdaderas dimensiones, subrayando que son regionales y diversos. La tesis de que el planeta está superpoblado es como decir que padece sequía. No: en el Sahara no cae una gota y en Canadá sobran cantidades inmensas de agua. En definitiva, el enemigo no es la población, sino la pobreza donde la hay.

Ha llegado el momento de desechar la idea de que el ser humano es un intruso, un expoliador y un destructor porque esto sí que constituye un ataque frontal al sistema de valores que sustenta la civilización occidental.

Las siguientes palabras recogidas en uno de los libros más documentados y exhaustivos que se han escrito sobre el tema en los últimos tiempos nos pueden servir de excelente epílogo a la vez que pone en sus justos términos el auténtico ecologismo: “En la cadena de la vida, la naturaleza ha sido dada y confiada como tarea al hombre con el fin de que constituya para él no una simple fuente de recursos sino para que sea el fundamento de una existencia creativa en el mundo” (1)

(1) Carlos Cachán “Manipulación verde ¿Está en peligro la tierra?”

One Response to Día de la Tierra y ecologismo

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