España: una situación singular

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ARTÍCULO DE EMILIO MONTERO HERRERO

Parece que la crisis en la frontera de Ceuta está de momento controlada tras el paso de miles de inmigrantes hace unas semanas. La marejada comenzó cuando el Gobierno aceptó el traslado desde Argelia del líder del Frente Polisario para ser tratado por Covid-19, personaje que por cierto había declarado horas antes por videoconferencia ante la Audiencia Nacional por presuntos delitos de tortura y lesa humanidad.

Este es un ejemplo concreto que muestra como en la actualidad los gobiernos recurren a la oscuridad ocultando la verdad a sus pueblos. ¿Qué hacía en España el líder del Polisario? ¿Por qué se le acogió a pesar de que eso irritaría a Marruecos? ¿Por qué se le dejó marchar? ¿Se está utilizando a Argelia para meter miedo a Marruecos? ¿Qué está pasando?

El problema es que ahora Marruecos no perdona. Da por rotas sus relaciones con España, nos amenaza con una respuesta cuya naturaleza no especifica y sus peticiones se van haciendo cada vez más exigentes e inasumibles. Ahora nos solicita un reconocimiento claro de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, cuando si España hiciera eso incumpliría la posición de la UE y de la ONU sobre el tema.

La única y exigua respuesta de España ha sido ceder hasta el punto de hacer entrega de 30 millones de euros a Marruecos para que mejore la vigilancia en frontera y determinar cuántos menas se quedan en cada comunidad autónoma, haciéndonos cargo de su educación y manutención hasta que sean adultos y les busquemos un trabajo.

Está claro que Marruecos nos está echando un pulso. Y si miramos con perspectiva las relaciones entre Marruecos y España desde la muerte de Franco comprobamos que la más débil es España, que se ha limitado a apaciguar a base de subvenciones o de inversiones, lo cual, en el marco del conflicto, es leído siempre como debilidad.

Ceuta y Melilla están en África, pero no en Marruecos, país que ni existía como entidad política cuando esas dos ciudades ya pertenecían a España desde siglos antes. En otras palabras Ceuta y Melilla son tan españolas como Segovia. Si no mostramos a Marruecos que hay líneas que no se pueden sobrepasar estaremos siempre sometidos a su chantaje con solo abrir o cerrar el grifo de la inmigración. Aquí no valen medias tintas ni casos particulares. No se puede hacer frente a un maremoto si el muro tiene agujeros. Marruecos nos ataca porque nos ve débiles y la Unión Europea solo manda mensajes de apoyo sin concretar ninguna acción.

Por otra parte, el conflicto se agrava al comprobar la estrecha unión de Estados Unidos a su socio marroquí, su fiel aliado. Al contrario de España, que es considerada por Estados Unidos como un socio poco fiable. El feo a su bandera por parte de Zapatero, la retirada de Irak y de la fragata Méndez Núñez de una misión internacional, a la que se añade nuestras relaciones con Venezuela y la llegada de Delcey Rodríguez a España, incluida en la lista negra de Estados Unidos, lo ponen de manifiesto.

De esta forma no es de extrañar que en las recientes maniobras militares Marruecos-Estados Unidos España no haya sido invitada. Unas maniobras integradas por Gran Bretaña, Brasil, Canadá Túnez, Senegal, Holanda, Italia y con la participación de treinta países en representación de África, Europa y América.

Estas deterioradas relaciones han culminado con la ridícula entrevista que se produjo entre nuestro presidente y el de Estados Unidos durante apenas unos segundos en un pasillo de la sede de la OTAN.

Por otra parte, el nivel de debilidad en el exterior es exactamente igual en el nivel interior con la política seguida hacia los nacionalismos periféricos. Ahora daremos indultos o amnistía a los catalanes que dieron un golpe de estado, a pesar de la oposición del Tribunal Constitucional y con la insultante excusa de que es de gran utilidad de España; indultos que solo servirán para que el separatismo saque pecho y retome su hoja de ruta con el referéndum de autodeterminación.

Y ya para remate parece que se tratar de humillar al Rey Felipe VI. No se quiso recurrir a su capacidad mediadora pese a las buenas relaciones personales entre alauíes y Borbones, y ahora se está dispuesto a convertir la firma del Rey en la medida de gracia que libera de la cárcel a los artífices de la sedición. No cabe expresión más bochornosa de la formalidad con que se degrada al monarca y con que se desautoriza su discurso del 3 de octubre. Correspondió entonces a Felipe VI el trance de proteger la Constitución frente a quienes la violentaron y ahora le corresponde abdicar de su propio discurso y prestarse a las obligaciones que conlleva el indulto gubernamental.

Hoy más que nunca echamos en falta gobernantes que crean en su país y que se hagan respetar. No perdamos la esperanza de aguardar un futuro mejor de España.

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