Fecundación demasiado heteróloga en Italia

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El Tribunal Constitucional italiano ha echado abajo la prohibición de la fecundación heteróloga contenida en la ley de reproducción asistida de 2004. El Tribunal considera que esto se opone al derecho de los ciudadanos a vivir la maternidad o la paternidad, independientemente de que el hijo sea concebido con los gametos de la pareja o de un donante externo. La idea del “derecho al hijo” se abre así paso en unas de las pocas legislaciones europeas que hasta el momento consideraba que el hijo tenía derecho a inscribirse en la herencia genética de sus padres, sin intervención de un tercero.

Una de las primeras parejas que podrá invocar a su favor el cambio legal es una que se sometió a una fecundación in vitro que, contra su voluntad, ha resultado ser heteróloga, ¡incluso demasiado heteróloga!

La noticia ha ocupado los titulares pocos días después de la sentencia del Tribunal. La mujer lleva en su seno unos gemelos de cuatro meses, pero, según los análisis genéticos, todo parece indicar que no son suyos. Los gemelos serían de otra pareja que se sometió el mismo día al proceso de fecundación in vitro en el mismo hospital de Roma, en el que se produjo un error a la hora de la trasferencia de los embriones.

La que hasta el momento era una embarazada feliz se ha encontrado de repente convertida en “madre subrogada” o “vientre de alquiler” sin pago. ¿Qué hacer? Los padres se preguntan: ¿qué ha sido de nuestros embriones? ¿En qué pareja han sido acogidos nuestros deseados bebés?

Lo único que está claro es que los gemelos van a nacer. Con una decisión que le honra, la mujer ha hecho saber a través de su abogado: “He tenido un momento de humano rechazo cuando me he enterado que no eran míos, mejor dicho, nuestros, que los embriones que llevaba en mi seno eran de otra mujer. Pero después hemos decidido que el embarazo debía continuar. Estos son nuestros valores. Estos bebés viven dentro de mí, les he sentido palpitar sobre mi corazón, crecen y están sanos. ¿Cómo puedo decidir sobre el destino de dos criaturas tan esperadas?”.

Su actitud puede decir mucho a los que defienden el aborto como el mejor recurso ante un embarazo no deseado. ¿Puede haber un embarazo menos deseado que el que ni tan siquiera dará lugar a tus propios hijos? Pero la mujer ha sentido a los gemelos dentro de sí, comprende que su vida no está en sus manos y siente su responsabilidad de traerlos al mundo.

Sin duda, el error es un caso aislado, aunque no único. Las clínicas de reproducción asistida suelen ser más cuidadosas. Pero la historia también nos indica algo sobre la fecundación in vitro, en particular sobre la que recurre a gametos ajenos. Si, como establece la sentencia del Tribunal constitucional, tan normal y lícito es que se utilicen los gametos de los padres como que se recurra a un tercero, entonces los gemelos serían tan hijos de esta madre biológica como de sus padres genéticos. Lo importante es ejercer el derecho a la maternidad.

Pero si realmente importa que el embrión resultante de la fecundación in vitro reciba la herencia genética de sus padres, entonces el gameto del donante no sería más que un intruso.

Accidentalmente, el caso de los embriones equivocados indica también que la deriva de la reproducción asistida lleva naturalmente hacia la legalización de la maternidad por subrogación, como ya ha sucedido en algunos países, desde la India a EEUU. Habrá parejas cuya esterilidad se debe a que la madre no puede gestar; en tal caso, si lo que prima es el derecho a la maternidad, ¿cómo no reconocer su derecho a usar como instrumento el útero de otra mujer? El ensañamiento procreativo no retrocederá ante estas arcaicas resistencias.

Lo que no está claro es qué historia se les contará a los gemelos cuando sean mayores. ¿Tendrán derecho a conocer sus orígenes y su rocambolesca gestación? ¿Se preguntarán de quién son hijos en realidad? ¿Influirá esto en su equilibrio psicológico? Pero estas son preguntas indeseables cuando predomina la mentalidad del “derecho al hijo”. No haría falta plantearlas si se comprendiera que el nacimiento de un hijo debe ser fruto de la unión de dos personas, no el producto de laboratorio de la suma de dos gametos.

Ignacio Arechaga

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