La realidad es mucho más que política

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La verdad no es de izquierdas ni de derechas, no es progresista ni conservadora

Hay muchos que piensan que si uno está de un lado, se equivoca seguro, diga lo que diga. En cambio, si dijera lo mismo pero adscrito a determinado partido o ideología, entonces su discurso merecería un cierto respeto. Y así ya no se pregunta a nadie qué piensa sobre determinado tema, sino de qué partido es, y entonces se prejuzga su pensamiento.

Como consecuencia del relativismo se politiza el conocimiento, tanto el filosófico, como el científico experimental. Si no hay verdad, lo que se dice y lo que se piensa está subordinado a un interés previo no científico, no cognitivo, sino sentimental, irracional. Pero lo cierto es que una afirmación sobre la existencia de una realidad será verdadera si esa realidad existe, y falsa, si no existe. Y no es por eso una afirmación de derechas ni de izquierdas, democrática o antidemocrática.

En la bioética, por ejemplo, a veces se ha llegado al extremo de pensar que los que defienden la posibilidad de experimentar con células madre embrionarias son de izquierdas, mientras que los que dicen que es mejor experimentar sólo con células adultas, son de derechas. Esto es un insulto a la inteligencia, a la capacidad de juzgar sobre la verdad o falsedad de las cosas. Lo mismo pasa con la existencia de Dios: o existe o no existe, pero es absurdo pensar que para mí no existe, mientras que para ti, sí, o peor todavía, decir que es de derechas afirmar que existe Dios, y de izquierdas, negarlo.

La verdad no es de izquierdas ni de derechas, no es progresista ni conservadora, no es moderna ni antigua, es sencillamente la concordancia entre lo que existe y lo que se piensa, y de entre lo que se piensa y lo que se dice.

Una manifestación de la politización del pensamiento es la manipulación del lenguaje. Como la gente no comulga con ruedas de molino, para lograr la paulatina aprobación de una conducta claramente inmoral, se comienza por cambiar el nombre de las cosas. Así, al aborto se le llama IVE; a la fecundación in vitro, FIVE; a las prostitutas, profesionales del amor… Para que nos hagamos una idea de hasta dónde puede llegar la manipulación del lenguaje, desde hace pocos años se ha inventado el día internacional del amor al niño, promovido por el NAMBLA (North American Man/Boy Love Association), para difundir la pedofilia. (cfr. www.nambla.org). ¿Llegados a este punto, por qué no llamar entonces IVR ―interrupción voluntaria de la respiración― al estrangulamiento?

Es muy importante no ceder en el uso del lenguaje porque, desde siempre, todos aquellos que buscan atacar algo o imponer una nueva conducta, procuran antes sembrar la confusión terminológica y lingüística.

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