Las grietas de la reproducción asistida: gametos sin denominación de origen

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Aunque el negocio de la reproducción asistida sigue floreciendo, los problemas legales y éticos que se apuntaban en un sector tan delicado se acumulan de día en día. El deseo de conocer el origen biológico enfrenta hoy a los hijos logrados por reproducción asistida con los donantes que se niegan a reconocerse como padres y quieren mantener su anonimato. El derecho a conocer las propias raíces, una demanda que cada vez se extiende más, está minando una práctica que, bajo un tinte altruista y secreto, engrosa las cuentas de muchas clínicas y laboratorios.

Fuente: aceprensa-M. ÁNGELES BURGUERA

La realidad es que muy pocos países donde la donación de gametos está regulada mantienen todavía la invisibilidad que acompañó a estas prácticas. El anonimato se ha ido levantando sucesivamente en distintos países (Inglaterra, Suecia, Austria, Alemania, Noruega, Finlandia, Canadá), a medida que se extendían los tratamientos y crecía el sector, sobre todo por la mayor exigencia de garantías sanitarias y genéticas de los futuros usuarios. Reino Unido lo suprimió en 2005 y Francia y Estados Unidos viven un gran debate sobre este tipo de secreto, que en realidad exime de responsabilidad a los que de modo voluntario –pero a la vez recompensados económicamente– ceden su esperma o sus óvulos.

Un donante, muchos retoños

Para Naomi Cahn, profesora en la George Washington University, la garantía para la salud es una de las cuestiones más urgentes. “La mayoría de las pruebas que se practican a los donantes de semen no permiten averiguar si padecen enfermedades genéticas” y esto es sorprendente cuando se sabe que con el material biológico de un mismo donante pueden llegar a nacer cientos de hijos. Cahn, partidaria de una regulación más estricta del mercado de la fertilidad, coincide con Wendy Kramer, creadora del primer registro de donantes, en la necesidad de abrir un gran banco de datos que exija información a los donantes, registre los nacimientos correspondientes y comparta los datos médicos con los receptores y las personas alumbradas con estas técnicas.

La noticia difundida en The New York Times sobre un joven americano que encontró hasta 150 medio hermanos gracias al registro que facilita el contacto entre descendientes de donantes –se rastrean materiales genéticos coincidentes por zonas geográficas–, causó una gran conmoción social y ha puesto en evidencia “que el negocio ha llegado al máximo”, afirma Kramer. Desde la entidad que fundó, se promueve una mayor regulación para prevenir las consecuencias médicas de estas exageraciones y el final de la donación anónima.

Asistencia psicológica

Al margen del shock de encontrarse de pronto con una parentela tan extendida, la falta de conocimiento sobre su origen resulta desestabilizador para los hijos resultantes de la fecundación asistida. Los supuestos padres o donadores sufren también los efectos emocionales de la poca o escasa información de las consecuencias de sus actos. Hay donantes de esperma que buscan ayuda para sobrellevar la inquietud de tener uno, varios o muchos hijos desconocidos y dejan mensajes de pesar en los buzones que ofrecen estas páginas web que sirven de punto de encuentro.

Y a este riesgo lógico, que puede llegar a acarrear consecuencias legales en algunos casos muy concretos, se añade el de la actividad creciente de los registros –el americano ya rastrea donantes en varias clínicas de ciudades españolas– y el avance de las pruebas de ADN que escudriña lo que la regulación aparentemente protege. En los últimos años una nueva especialidad psiquiátrica se abre paso ante la demanda que genera la fecundación asistida y sus clínicas: a sus consultas acuden parejas que se someten a tratamientos de fertilidad, hijos resultantes de donación inquietos por su pasado y padres biológicos o donantes preocupados por su futuro.

Un negocio en entredicho

Otro de los grandes retos para el proceso de donación de gametos no es legal ni emotivo sino económico. La mayoría de los donantes son estudiantes o jóvenes sin recursos que acuden a las clínicas o bancos para conseguir ingresos rápidos. En España, en concreto, la ley permite una compensación económica como supuesta contrapartida a las molestias que acarrea la donación. La regulación consideró estas prácticas como una muestra de altruismo sin ninguna vinculación emocional, pero las mismas clínicas saben bien que sin esa recompensa el alto nivel de donaciones, que supera con mucho al de países del entorno, caería en picado.

Tres décadas después del nacimiento de la primera bebé-probeta en Inglaterra, en la mente de usuarios y profesionales sigue presentes los interrogantes éticos sobre estos procesos. En opinión de Kramer, hay que revisar la regulación y poner fin a la mercantilización de las clínicas. Pero, además, tener la valentía de preguntarse: “¿Qué es lo mejor para el niño que va a nacer? ¿Es justo traer al mundo un niño que no tendrá opción a informarse sobre su origen genético y su historia? ¿Podemos continuar así?”.

España: el Registro que nunca nació

En España no hay registro de donantes de gametos, a pesar de que la ley lo exige desde la primera regulación de la reproducción asistida en 1988 y lo revalida la que hizo el gobierno socialista en 2006.

El Registro de donantes previsto en la ley (art. 21) establece que se inscribirán los donantes de gametos, los hijos nacidos de cada uno de los donantes, la identidad de las parejas o mujeres receptoras, y la localización original de unos y otros en el momento de la donación. La ley establece un límite de seis hijos generados con gametos de un mismo donante.

La realidad es que, seis años después de la última reforma legal, el Registro no se ha creado, así que nadie controla el número de hijos nacidos de cada donante, que además puede acudir a distintos centros.

La ley también establece que la donación no podrá tener carácter lucrativo y que solo podrá darse una compensación económica por las molestias y los gastos de desplazamiento. Es más, la retribución económica de la donación se considera una infracción grave por parte de la clínica.

Sin embargo, por datos publicados en prensa, se sabe que las mujeres que donan sus óvulos reciben unos 900 euros por donación, y que algunas repiten en distintos centros con fines lucrativos (cfr. Aceprensa 15-11-2010). Quizá por eso España es el país europeo que más utiliza la donación de óvulos en la reproducción asistida (6.547 casos en 2006), mientras que en otros países, como la vecina Francia, la compensación económica no se permite.

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