Maratón electoral en España

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Acabamos de pasar unos días frenéticos con la historia del relator y la negociación de los presupuestos. Y al final ha pasado lo que tenía que pasar: España ha entrado en estado de campaña electoral. Tendremos elecciones generales el próximo 28 de abril y un mes después las elecciones autonómicas, municipales y al Parlamento Europeo. Tres meses por delante que pueden cambiar la historia de España, gane quien gane.

El perfil de la decisión parece claro: por un lado, la instalación definitiva de Pedro Sánchez en La Moncloa, probablemente con Podemos en el Gobierno y el apoyo parlamentario de los partidos independentistas. Y por otro, la llegada de Pablo Casado o Albert Rivera a la Presidencia, apoyándose entre sí y sumando a Vox a una mayoría parlamentaria de centro-derecha.

Las dos fuerzas claves que se enfrentan son el socialismo, que lucha por resistir en España y evitar el triste destino de los socialismos en el resto de Europa, y la derecha renovada y sin complejos que representa VOX, cuya irrupción en la política con inesperada fuerza ha sorprendido al mundo, y aunque algunos traten de arrinconarlo, un Vox fuerte apoyaría muchas políticas que me parecen fundamentales en temas como la enseñanza, familia, inmigración y unidad de España.

Nuevamente se enfrentan, por tanto, las dos mitades de España, acaso más divididas que nunca desde la muerte de Franco, prueba de que los españoles hemos aprendido poco de los más de dos siglos de nuestra historia reciente. Seguimos metidos en las mismas luchas, no siendo capaces de crear un sistema político que deje de lado las dos Españas y la división multipartidista por uno que aúne a todos los que habitamos esta piel de toro.

Sería muy plausible la idea de enterrar las dos Españas, como decía Rivera hace unos días, si se refiriera a superar las culpas de ambos bandos, pero si se utiliza para imponer determinadas ideas como el aborto, la memoria histórica, la organización territorial o la ideología de género, bajo el engañoso término del consenso, no sería más que una estafa progresista, que al final acabaría presentando como extremista a quien no trague con esos postulados. Y es que para muchos españoles lo más importante a la hora de decidir no es la economía, ni solo la unidad de España (con serlo) sino la defensa de la vida (aborto, eutanasia) y de la familia (feminismo radical, ideología de género, dictadura LGTB).

Así las cosas, es evidente que si era difícil poner de acuerdo a dos partidos, imagínense a cinco. Y encima con la presencia de los partidos nacionalistas e independentistas, que con un 5% o menos de representación respecto al total nacional, influyen en la política general únicamente con sus intereses territoriales como contrapartida.

La presencia de VOX en la parrilla y la pugna del inquietante Sánchez por imponer sus criterios a un PSOE que se resiste, son los dos elementos que van a inyectar pasión en la nueva cita electoral, que promete llenar las urnas de papeletas con pasiones e ilusiones más que en ediciones anteriores, donde la división y el enfrentamiento no eran tan ásperos como ahora.

Nosotros a la hora de votar un partido habríamos de buscar un modelo que ponga los fundamentos de un pais que tiene que ser grande no solo por su economía, también por su moral. Y que, tras la multitud de humillaciones, insultos y desprecios por parte de los independentistas, sepa superar los muchos años de dependencia de estos partidos, que al final lo único que buscan es rompernos en mil pedazos. Fueron los independentistas catalanes quienes le dieron el apoyo a Pedro Sánchez y han sido ellos quien se lo han quitado, lo que muestra claramente que los separatistas no pueden condicionar el Gobierno de España.

La elección no será fácil. Y es que sabemos por experiencia que los políticos suelen mentir en campaña sin rubor, dándonos la sensación que nos consideran bobos. Nos dicen una cosa y hacen la contraria, de ahí que su credibilidad haya disminuido de manera significativa en los últimos años. Aunque no esté muy de moda, confiemos que frente a la mentira esté la honestidad como alternativa, situando a este valor por encima de la astucia, para que se cumplan los programas electorales que propongan.

La campaña electoral se va a desarrollar en plenas vacaciones de Semana Santa. Poco tiempo para pensar en programas electorales constructivos y con valores… Pero a estas alturas no sé si realmente nos va a importar demasiado, porque ya nos sabemos el cuento de memoria. A ver con qué novedades nos encontramos. Lo más positivo es que tenemos una oportunidad para enderezar los caminos.

Arranca el maratón electoral en España. ¡Comienza el espectáculo!

Emilio Montero Herrero

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