Naturaleza o primacía del deseo

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Apasionado estudioso del islam, crítico musical y ex director de la Voz de América (VOA), Robert Reilly no suele eludir los temas controvertidos. El mes pasado publicó un libro titulado Making Gay Okay. How Rationalizing Homosexual Behaviour is Changing Everything.

“Mientras más se aleje una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclaman”. La expresión pertenece a George Orwell, pero el comunicador norteamericano Robert Reilly la hace suya en su análisis de los intentos de justificar la conducta homosexual.

En una reseña del libro en MercatorNet, Tracy Mehan III señala que la tesis de Really es que hay dos modos fundamentales de ver la realidad. Uno considera que las cosas pertenecen a una naturaleza que está ordenada a “fines que son inherentes a su esencia y que les hace ser lo que son” y tienen “propósitos innatos”. El otro modo de ver la realidad piensa que las cosas no tienen una naturaleza o fin en sí mismas, “sino solo lo que hace que estén de acuerdo con nuestros propósitos y deseos”. El primero supone una “primacía de la razón” y el segundo inclina a una “primacía del deseo” que da por bueno lo que queremos.

“El debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo se refiere en definitiva a eso: la naturaleza de la realidad”, escribe Really.

Para él, “el movimiento homosexual busca la más amplia racionalización de la revolución sexual y se dedica a extenderla. La aceptación de cada variante de la conducta sexual errónea refuerza a las otras”.

“El debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo se refiere en definitiva a la naturaleza de la realidad” (Really)

Cuando se niega la naturaleza

Pero cuando se niega la naturaleza, la justicia se reduce a lo que es deseado, en vez de lo que es razonable. Los que quieren basar su libertad sobre la supuesta falta de fines en las cosas –lo que se deduce de la negación de la naturaleza–, deberían afrontar las consecuencias de este punto de vista, escribe Really. “Lo que parece una libertad sin limites es, de hecho, la consagración de la tiranía”.

La racionalización de la conducta homosexual exige también pasar por alto o negar que vaya asociada a mayores riesgos para la salud. Citando cifras del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades, Really recuerda que el 94,1% de los diagnósticos de HIV entre jóvenes varones de 20-24 años se debían a sexo entre hombres. La misma fuente confirma que los homosexuales y bisexuales tienen una probabilidad 44 veces mayor que otros hombres de contraer el HIV, y 40 veces más que las mujeres. También tienen una probabilidad 46 veces mayor de contagiarse de sífilis y un 71% más que las mujeres. Really insiste en que la ignorancia o negación de la evidencia “es uno de los más remarcables barómetros de la fuerza de la racionalización que insiste en que esta conducta es normal o normativa”.

Saliendo al paso de otros tópicos, Really niega que los grandes pensadores de la antigua Grecia fueran favorables a la conducta homosexual. “Sócrates y Platón condenaron inequívocamente los actos homosexuales como antinaturales”, asegura Really citando varios pasajes de sus obras. Más aún, Aristóteles califica el sexo entre hombres como una de esas “cosas morbosas” mencionadas en la Ética a Nicómaco.

Cuando se niega la naturaleza, la justicia se reduce a lo que es deseado, en vez de lo que es razonable

¿Solo un prejuicio?

En unas declaraciones de Really al periodista Alvino-Mario Fantini en MercatorNet, le preguntan cómo la concepción legal sobre el matrimonio ha podido cambiar con tanta rapidez y profundidad.

“El pez se pudre por la cabeza, como dicen los chinos. Se ha ido abriendo paso a través de los razonamientos legales y de una completa separación entre moralidad y ley. Ahora podemos ver que la mayoría de nuestros jueces son positivistas, que no ven relación entre ley y moralidad. Repiten que no hay una argumentación racional contra el matrimonio sodomítico, por lo que la oposición a este debe ser considerada un prejuicio. Sin embargo, hay abundantes decisiones de la Corte Suprema desde el siglo XIX que, de un modo muy aristotélico, hablan de cuál es el papel de la familia. Pero los tribunales nunca se preguntan por estos temas; solo dicen: “Esto es un prejuicio” y siguen adelante. Los jueces se han vuelto historicistas y han abandonado las “leyes de la naturaleza y del Dios de la naturaleza” [como dice la Declaración de Independencia] en las que descansa su autoridad. Están rindiendo básicamente la naturaleza a la Historia, y haciéndolo, minan su propia autoridad para tomar decisiones. Es un tipo de suicidio moral y legal”.

Really subraya que nada permite asegurar que uno nace siendo gay. “No hay prueba de un gen gay. Científicos homosexuales que han investigado el asunto han sido muy francos al decir: ‘No hemos descubierto tal cosa, aunque por supuesto pudiera haber componentes genéticos en la predisposición”. Pero hay componentes genéticos en casi todo, por lo que eso no dice mucho. Y la cifra del 10 por ciento [de homosexuales en el conjunto de la población] es completamente irreal. Se cocinó a partir de la especulación de que cuando eres joven, antes que tu identidad sexual se consolide, puede ser inestable. Pero esa inestabilidad desaparece al final de la adolescencia y no hay nada que permita hablar de un 10 por ciento. Es más bien un dos o un tres por ciento”.

Para que esta racionalización triunfe, no solo tienes que convencerte a ti mismo, sino a todos los que te rodean.
“Estoy convencido de que un número de homosexuales tienen esa predisposición sin propia responsabilidad. Es, a menudo, el resultado de traumas de la niñez, de un abuso sexual, de la ausencia total de cariño por parte de su padre, lo que les hace buscar compulsivamente ese amor de otros varones de maneras inapropiadas. Merecen ser tratados con mucha compasión por esta compulsión, que no es responsabilidad suya, pero lo que no es compasivo es decirles que su desorden está bien, que lo único que necesitan es afirmarse a sí mismos y todo estará bien. No, no estará bien, y no decírselo es una falta de respeto”.

Necesidad de autojustificación

El periodista le hace notar que la racionalización del comportamiento inmoral y la negación de la realidad trasciende la sexualidad. Toda clase de personas —lo hacen. Filosóficamente hablando, ¿qué está ocurriendo?

“Todos tenemos apetitos desordenados y pasiones. Eso no es exclusivo de los homosexuales. Y cada vez que cedemos ante una pasión desordenada, creamos una falsa realidad para justificarla”, contesta Really.

“Como Aristóteles apunta en su Ética, el ser humano es incapaz de escoger algo a menos que lo vea como un ‘bien’ para sí mismo. Así que creamos una realidad alternativa en la que una cosa mala se convierte en buena, pero por lo general nos recuperamos de esto cuando admitimos nuestra culpa, y lo reconocemos como un mal. Entonces el orden moral se restaura. Pero si eliges cimentar tu vida en un acto inmoral —digamos que quieres ser un ladrón profesional, o que quieres un matrimonio o relación sodomítica—, entonces tienes que construir una racionalización más permanente que soporte los repetidos intentos de tu conciencia de intervenir y de decirte que debes sentirte culpable de lo que haces porque es intrínsecamente incorrecto”.

Para que esta racionalización triunfe, no solo tienes que convencerte a ti mismo, sino a todos los que te rodean. Ellos tienen que compartir esta racionalización porque, de no hacerlo, son potenciales fuentes de crítica y pueden provocar que la culpa te aplaste. Las personas que se involucran en la justificación de su mal comportamiento moral no están ‘buscando la verdad’ cuando incluyen a otros en la discusión sobre su comportamiento; están buscando proteger esa racionalización y universalizarla para salvaguardar un comportamiento que ellos desean mantener. Por eso vilipendian a cualquiera que se les opone y utilizan todos los medios para dejarlos fuera de combate. No es una búsqueda de la verdad. Es una búsqueda de la autojustificación”.

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