Nuestra existencia depende de los números

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Todas las constantes fundamentales del universo están conectadas entre sí, de modo que metafísicamente no podrían ser distintas de lo que son

Así lo intenta mostrar el astrónomo británico Martin Rees en su libro “Sólo seis números”, donde examina las constantes fundamentales de la naturaleza y explica qué nos pasaría si éstas fueran distintas.

Las constantes fundamentales de la naturaleza, números muy precisos, han hecho que el Universo sea el medio perfecto para que se origine y se perpetúe la vida.

La primera constante es el guarismo que se obtiene al dividir la intensidad del campo eléctrico que mantiene unidos los átomos, por la fuerza de la gravitación universal, que es la que ha determinado la formación y el mantenimiento de las galaxias, estrellas, planetas y satélites en sus órbitas. Ese valor es un 1 seguido de 36 ceros. Martin explica que si esta constante tuviera menos ceros la gravedad sería sería menos fuerte y el Universo mucho más pequeño y efímero. Con más ceros, la gravitación sería más fuerte y la materia no se habría podido formar en el mismo estado tras el Big Bang que dio lugar al nacimiento de las galaxias.

La siguiente constante es la que establece la cantidad de energía liberada por la fusión de dos núcleos de hidrógeno para formar helio y la consiguiente liberación de energía. Este valor es de 0,007. Define la fuerza de la unión de los núcleos de los átomos y, por tanto, cómo se formaron. Este valor regula la potencia con la que el Sol y las estrellas convierten el hidrógeno en todos los demás elementos de la tabla periódica. Si la cifra no fuera 0,007 no estaríamos aquí.

Otra constante vital es la cantidad de materia que hay en el Universo. Si esa cantidad hubiera sido superior a la constante crítica, el Universo en vez de expandirse hubiera desaparecido hace mucho tiempo por la fuerza de la gravedad. Si hubiera sido menor no se habrían formado las estrellas y las galaxias.

La cuarta constante es la que mide la fuerza de antigravedad. Ésta indica que la expansión del Universo es acelerada. Parece que esta fuerza no tiene efectos apreciables a distancias inferiores a mil millones de años luz, pero si hubiera sido mucho mayor no se habrían formado las galaxias.

La quinta constante fue definida por el satélite de observación astronómica Cobe, que tras su lanzamiento, en 1990, demostró que la materia del Universo no se había distribuido uniformemente tras el Big Bang. Este satélite buscaba los límites observables del Universo, pero lo que registró fue radiaciones de potencia muy irregular calculada en 1/100.000. En el Big Bang estaba la semilla de toda la estructura cósmica. Si ese número hubiera sido más pequeño, el Universo sería inerte, no tendría estructura. Por el contrario, si hubiera sido más grande se hubiera producido una explosión violenta que no hubiera permitido la supervivencia ni de las estrellas ni de los sistemas planetarios.

El sexto número es el 3: nuestro Universo es tridimensional. Aparte de la estructura tridimensional de las moléculas que forman la base de la vida, las órbitas de los planetas no podrían estar reguladas por la ley de la gravedad.

Ante estas seis constantes, la ciencia que todas las constantes fundamentales están conectadas entre sí, de modo que metafísicamente no podrían ser distintas de lo que son.

Todo un misterio aún por resolver, pero que nos llevan claramente a la existencia de una finaliad en el universo. Es como si existiera un diseño previo del universo que permitiera al final la existencia del ser humano inteligente, que es capaz de investigar, valorar y disfrutar la maravilla del cosmos.

Fuente: Ángel Quero

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