¿Qué vale un deforme o un enfermo?

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Toda vida humana vale por sí misma, es un tesoro en cualquier caso: sana o enferma. También una persona maltrecha, lisiada o enferma vale y tiene sentido, a pesar de su malformación o su enfermedad. Lo pensaba cuando leía que John Nash, ya Nobel de economía en 1994 por su teoría de los juegos, acaba de recibir ahora el premio Abel de matemáticas, por sus aportaciones a la teoría de las ecuaciones diferenciales no lineales parciales; una distinción equiparable al Nobel de matemáticas, equivalente a la Medalla Fields. No se necesitan presentaciones: todos sabemos quién es John Nash por la estupenda película “Una mente maravillosa” (2011).

Al leer esta noticia, no he podido menos que recordar a Ferran Sunyer i Balaguer y a sus primas Carbona, protagonistas de la magnífica novela de Màrius Serra Plans de futur; una libre recreación literaria del entorno familiar del gran matemático catalán, fallecido en 1967, tetrapléjico y autodidacta, que recibió tantos reconocimientos y distinciones nacionales e internacionales por sus contribuciones a la teoría de las funciones. Con todo merecimiento, esta novela, que recomiendo, fue premiada con el “Sant Jordi” de 2012. Un libro complejo en su estructura, pero interesantísimo, en el que las dos hermanas dedican generosamente la vida a su primo matemático, para que avance en sus descubrimientos científicos.

La enfermedad crónica y la discapacidad congénita resultan incómodas, por la carga emotiva que comportan y por la entrega que exigen a los cuidadores, muy concretamente al entorno familiar. Aparentemente inútiles, tales enfermos estorban. Como los nazis, una primera reacción podría ser procurar su exterminio. Por ello resulta estimulante que unas personas, que a primera vista no nos ofrecen la perspectiva de beneficio alguno, contribuyan de manera tan decisiva al progreso de la humanidad, a pesar de un grave trastorno mental, como ahora Nash, o de una gran discapacidad física, como Sunyer, años atrás.

Sin embargo, conviene ver un poco más lejos: los enfermos no valen sólo por sus posibles contribuciones científicas, sino más bien, y sobre todo, porque al exigir nuestra atención nos hacen mejores. Y esto es radicalmente cristiano: son las obras de misericordia tan alabadas por el Evangelio. Sin olvidar, además, que toda vida humana vale por sí misma: es un tesoro en cualquier caso: sana o enferma.

Josep-Ignasi Saranyana

 

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