Rectitud de vida y verdad moral

Filed under General, Valores
Nadie discute la realidad histórica de las hazañas de Napoleón, pero sí en cambio, la de Jesús de Nazaret.

La verdad moral, esto es, la verdad sobre lo que está bien y lo que está mal, requiere, además de una cabeza que funcione correctamente, una cierta rectitud de vida, porque es difícil, por ejemplo, admitir que uno debe ser fiel a su mujer cuando vive con otra y no quiere rectificar.

La verdad moral se abraza no sólo con la mente, sino también con la vida. Buena parte del relativismo imperante se debe precisamente a la relajación de las costumbres. Es muy significativo el texto de Sexto Empírico, probablemente del s. II de nuestra era, que fundamenta el escepticismo en la paz que provoca el no cuestionarse por las cuestiones que pueden turbar nuestro espíritu: “con razón decimos que el fundamento del escepticismo es la esperanza de conservar la serenidad de espíritu. (…) Pues quien opina que algo es por naturaleza bueno o malo se turba por todo, y cuando le falta lo que parece que es bueno cree estar atormentado por cosas malas por naturaleza y corre tras lo —según él piensa— bueno y, habiéndolo conseguido, cae en más preocupaciones al estar excitado fuera de toda razón y sin medida y, temiendo el cambio, hace cualquier cosa para no perder lo que a él le parece bueno. Por el contrario, el que no se define sobre lo bueno o malo por naturaleza no evita ni persigue nada con exasperación, por lo cual mantiene la serenidad de espíritu” (Sexto Empírico, Esbozos pirrónicos: I,6 Y I,12).

Quien vive instalado en la mentira, difícilmente aceptará o se planteará la inmoralidad de su deslealtad, precisamente porque aceptarla supondría cambiar de vida o vivir en contradicción con uno mismo. Y nadie aguanta vivir siempre contra su conciencia: o cambia de vida o cambia de conciencia, porque cuando uno no vive como piensa, termina pensando como vive.

Esta exigencia de la verdad moral, que interpela no sólo a la mente, sino a la vida entera, explica por qué tantas veces cuesta admitirla. Nadie discute la realidad histórica de las hazañas de Anibal, ni las de Julio Cesar o Napoleón, pero sí en cambio, la de Jesús de Nazaret. ¿Por qué? Porque si es verdad lo que hizo y lo que dijo, quizá tenga que cambiar mi vida.

Está mal que alguien se engañe a sí mismo diciéndose que está bien lo que realmente está mal, pero es perverso que se dedique a difundir teorías escépticas o relativistas con el fin de intentar dar soporte intelectual a la propia debilidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.