Rob Summers, parapléjico, ha superado su destino fatal y es feliz

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“Es moralmente indeseable y éticamente malo intentar legislar sobre la supresión de las vidas humanas y que toda ley que lo autorice estará sujeta a abusos impredecibles y que es socialmente deplorable y desorientador, tratar de promulgar leyes que aprueben la eutanasia”, asevera el doctor Brian Pollard.

Rob Summers llevaba cuatro largos años inmóvil. Gracias a una innovadora terapia este estadounidense de 23 años ha vuelto a experimentar lo que se siente al mantenerse en pie. El accidente de tráfico, que sufrió en el año 2006, le dejó parapléjico.

“Es un sentimiento asombroso. Ser capaz de dar un paso. Es una inyección de optimismo”, explica Summers. Para lograrlo el equipo de investigadores de las universidades de California y Louisville (EEUU) han sometido a este paciente a estimulación eléctrica epidural de la médula espinal.

Los médicos, inicialmente, optaron por eliminar a Rob aplicándole la eutanasia. Los partidarios de esta práctica asientan sus teorías en aspectos utilitaristas. Cuando se va eliminando el punto de vista trascendente de la existencia, se inventan otros términos para especificar el valor moral de la persona y la dignidad de los actos humanos.

Según la Asociación Médica Mundial y el Colegio Médico Británico, nadie tiene la potestad, ni la prerrogativa, de suprimir la vida a un agonizante y que, por lo tanto, la eutanasia no es ética. Se debe administrar al doliente la ayuda a través de los cuidados paliativos para alejar la angustia, en lo que le dure su existencia.

“Durante mis cinco años dedicados a proporcionar asistencia médica a los enfermos terminales con cáncer, no hubo ninguno que me pidiera la eutanasia”, asevera el profesor Pollard. En todo el mundo los dolientes, al estar bien cuidados, ninguno solicitaría la eutanasia. Ésta gravita en premisas que no respetan la existencia del ser humano, cuya vida depende solamente de Dios.

Algunos creen que la eutanasia es un derecho. Nada más lejos de la realidad. Existe el derecho a vivir, pero no el derecho a morir ni a matar. La cultura de la muerte es impropia de una sociedad civilizada. En ésta sólo cabe la cultura de la vida.
Por último, puedo afirmar que la eutanasia es una derrota personal de quien la teoriza, la decide y la practica.

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