Últimas piedras

Filed under General, Sociedad

Es frecuente la ceremonia de poner primeras piedras. Suelen asistir a ella personas relevantes, relacionadas con la obra que comienza. Lo que no es habitual, ni frecuente, ni siquiera esporádico, es que se organicen actos para colocar últimas piedras, ésas que coronarían y la darían, definitivamente, por acabada.

Es que no es lo mismo poner la “última piedra” en un trabajo, que inaugurarlo. La colocación de la última piedra, supone que está concluido, algo que nada tiene que ver con su inauguración.
La inauguración hace referencia a su puesta en servicio y, bien sabemos todos, que se pueden empezar a usar de muchas maneras:
– con toda la obra hecha,
– utilizando sólo una parte, realizada para un uso urgente;
– concluida, a excepción de: almacenes, accesos, servicios adicionales…

Es que poner la última piedra significa que está hecho y acabado, todo cuanto había que hacer. No parece que, en muchas ocasiones se repare en la necesidad de poner “últimas piedras”. Y sin embargo, ¡qué necesarias serían!.
Su ausencia, – la certeza de que nadie va a fiscalizar la terminación de nuestros trabajos -, nos permite y favorece, dejarnos discurrir por el terreno resbaladizo de la chapuza.

La chapuza no es patrimonio exclusivo de los trabajos manuales, que son a los que, de ordinario, se las adjudicamos. La chapuza, el no acabar bien un trabajo, puede afectar, y de hecho lo hace, a todo tipo de trabajo, incluidos los intelectuales.

Sólo se puede decir que un trabajo está concluido, cuando se han hecho las comprobaciones oportunas para saber que es apto para cumplir los fines para los que se hizo y ¡los está cumpliendo!
Cuando no se procede así, el resultado queda plasmado en frases que a todos nos suenan por repetidas, que no hacen sino manifestar y confirmar la manera en que fue terminado.

Cuando oímos o decimos que el acabado de una cosa concreta se hizo “deprisa y corriendo” o “de cualquier manera” esas frases delatan la forma de concluirlas. Delación que a nadie inquieta, porque no habrá últimas piedras, que es tanto como decir que no habrá nadie que venga a revisar y pedir cuentas de esta forma de hacer.

Seguramente, casi todos habremos trabajado chapuceramente alguna vez en nuestra vida, pero al no tener consecuencias graves, no se habrá notado demasiado. Llegados a este punto, viene con facilidad a la memoria, el recuerdo de hechos y situaciones que se podrían haber evitado, si se hubieran cuidado los remates requeridos antes de poner las últimas piedras, en caso de haberlas puesto.

Es verdad que, en ocasiones, por su complejidad se precisan ayudas, pero también lo es, que nunca podrá caer sobre ellas: la responsabilidad corresponde a quien las pidió.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.