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SOLIDARIDAD Y MEDIOS
Un rotundo “no” a la eutanasia
11 marzo 2020 General
Un enfermo no puede decidir en libertad sobre su vida si no se alivia su sufrimiento

El Congreso de los Diputados acaba de aprobar el inicio de la tramitación parlamentaria de la ley de eutanasia. Esto no quiere decir que ya sea legal en España. Todavía quedan meses de trámites parlamentarios, comisiones, enmiendas… De todas formas, si siguen adelante los planes del Gobierno la eutanasia se despenalizará en nuestro país y se convertirá en un derecho que brindará la Sanidad pública. Esto supone incluir en la cartera básica de prestaciones del sistema sanitario la opción de recibir el tratamiento adecuado para poner fin a la vida en aquellos casos en los que el paciente se enfrente a una enfermedad incurable que provoque padecimientos físicos o psíquicos intolerables. Todo ello con financiación pública y la promesa de resolver los casos en menos de 32 días

El Gobierno sostiene que estamos ante una gran demanda de la sociedad y por eso quieren legalizar cuanto antes estas prácticas. Sin embargo, tan sólo el 3 por ciento de la población mundial vive en países donde se practica la eutanasia: Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Suiza, Colombia, Canadá y los estados de California, Oregón y Washington en los Estados Unidos; y el suicidio asistido en Suiza, Alemania y Japón.

No hagan caso a las encuestas del CIS en las que se asegura que el 80 por ciento de la población española está a favor de despenalizar el suicidio asistido. Si a usted le preguntan si estaría a favor de tener una muerte digna, ¿se atrevería a decir que no? Todos firmaríamos a favor, pero eso no quiere decir que se apoya la eutanasia. La única muerte digna es la que pueden procurar los cuidados paliativos. Provocar la muerte de los enfermos terminales solo es un buen negocio para el Estado. La eutanasia es más barata y efectiva que procurar recursos a los cuidados paliativos a los enfermos.

Lo venden como un logro progresista… cuando en realidad es un retroceso de cientos de años. ¿Qué clase de sociedad empuja a la muerte a los ancianos, a los vulnerables, a los que sufren enfermedades, porque no contempla nada mejor que ofrecerles para paliar su sufrimiento?

Este planteamiento no es ni siquiera progresista. Recordemos cómo el Partido Comunista logró con sus votos paralizar una ley de eutanasia en Portugal con el mismo argumento que defienden los profesionales en cuidados paliativos de todo el mundo: un enfermo no puede decidir en libertad sobre su vida si no se alivia su sufrimiento.

La legalización de la eutanasia pretende que el fin de suprimir el dolor justifica el medio de acabar con la vida y no es posible que el bien surja del mal.
La única respuesta posible para el enfermo que sufre deben ser los cuidados paliativos. Y lo es, no solo para los pacientes terminales que están en la última etapa sino también para los enfermos crónicos que necesitan mejorar su calidad de vida.

España se ha quedado en el pelotón de cola en Europa de esta medicina que alivia el sufrimiento, según los especialistas. Ni tiene suficientes medios, ni tampoco una legislación que lo regule a nivel estatal. No tiene sentido plantear una ley de eutanasia sin que se garantice el acceso universal a los cuidados paliativos, que no solamente atienden al enfermo, sino que atienden también a su familia. Se trata de ayudarle a que llegue al final de su vida, haciéndole consciente de que esa vida es valiosa incluso hasta los últimos momentos.

Nuestros responsables políticos deben fijarse en lo que está ocurriendo en países donde la eutanasia lleva años siendo una práctica legal antes de proponer una legislación similar en España. En Holanda y Bélgica los casos de eutanasia se han triplicado y los requisitos para practicarla se han relajado. No hay límites cuando se despenaliza. La pendiente deslizante está ahí; se abre una puerta difícil de controlar.

Otro riesgo de la legalización de la eutanasia es la pérdida de confianza en los profesionales sanitarios. En Holanda hay ancianos que optan por irse a vivir a una residencia en Francia o Alemania porque no confían en que su médico les cuide en lugar de poner fin a sus vidas.

Es conveniente que tengamos a mano el documento que la Conferencia Episcopal Española realizó en febrero de 1993 sobre eutanasia denominado “100 cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida humana y la actitud de los católicos. Es de libre acceso y se puede descargar de Internet. En este documento se señala inequívocamente que “la eutanasia es siempre una forma de homicidio, pues implica que un hombre da muerte a otro, ya mediante un acto positivo, ya mediante la omisión de la atención y cuidado”. Aquí no caben eufemismos.

A su vez puede acudir al Código de Deontología Médica (actualización 2018), donde en su Capítulo VIII, art. 38,5 se dice: “El médico nunca provocará ni colaborará intencionadamente en la muerte del paciente. No realizará eutanasia ni colaborará en la práctica del suicidio asistido”. De esta forma, la Asociación Médica Mundial formada por 113 países, con más de 10 millones de médicos en todo el mundo, reitera su fuerte compromiso con los principios de la ética médica y se opone firmemente a la eutanasia y al suicidio con ayuda médica.

La eutanasia implica la asunción del principio de que hay vidas que no merecen ser vividas y son, por tanto, indignas. Se confunde el concepto de dignidad con el de calidad de vida, que es un concepto abstracto y cambiante con el tiempo.
La dignidad es absoluta e incondicionada, no se pierde nunca y pertenece a la persona, no a las especiales condiciones de su vida. Ni el dolor ni la ausencia de otra cualidad inherente a la persona anulan su dignidad. Las vidas pueden ser más o menos valiosas, pero todas poseen la misma dignidad.

Hemos llegado a que nuestras Cortes Generales puedan legislar sobre la vida y la muerte de los enfermos, ancianos y aquellos que incluso puedan tener disminuidas sus facultades mentales, completando el presagio del que nos hablaba Paul Marx en su obra “La ley del dominó”. Pues se comienza con el aborto y se termina legalizando la eutanasia. Ya hemos llegado a ese momento. Pero la pregunta es: ¿Vale algo la vida humana? Defendamos la cultura de la vida como respuesta a la muerte que representa la eutanasia.

Emilio Montero Herrero

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