Una nueva forma de violencia social

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perfeccionismoLa forma  de violencia más extendida en nuestros días no es lo que podríamos llamar  la “violencia negativa” de épocas anteriores, cuya ejecución era visible e iba orientada a la prohibición o la dominación del otro, sino la “violencia de la positividad”, cuya raíz está en el narcisismo del que adolece la sociedad contemporánea. No es una violencia ejercida en el campo de batalla, tampoco en el campo de concentración; al contrario, esta se ejerce en “torres de oficinas de cristal, shoppings, centros de fitness, estudios de yoga y clínicas de belleza”.(1)

Como protagonista de este fenómeno está la llamada “sociedad del rendimiento”, cuyas “máximas no son la obediencia, la ley y el cumplimento del deber, sino la libertad, el placer y el entretenimiento”. Bajo la bandera de estos ideales, la “sociedad del rendimiento” se afana por abolir los límites, las fronteras y las diferencias.

Si en el corto plazo esta acción parece llevar a una globalización provechosa, en el largo plazo la consecuencia es “el terror de lo igual”, la pérdida de toda medida. Así, las enfermedades de nuestro tiempo no se deben a un proceso de negación, sino a la imposibilidad de decir no: se trata de patologías psíquicas como la depresión, el déficit de atención o la hiperactividad.

En el trabajo ya no se da una sana competencia con el otro: el “sujeto de rendimiento compite consigo mismo y cae en la compulsión destructiva de superarse a sí mismo”. En esta misma línea, muchas mujeres se sienten inclinadas a someterse a procedimientos como la cirugía estética o los implantes para seguir siendo competitivas en el mercado de la sensualidad. En el terreno de la política, la disolución de un horizonte de ideales genera la política del espectáculo; en el ámbito de la comunicación, la obsesión por revelarlo todo da lugar a una “sociedad pornográfica”.

En nuestra sociedad se extiende cada vez más una idea equivocada sobre el amor personal que en muchos casos tiende sólo a la propia satisfacción y a la dominación, lo que está generando mayor violencia machista .

La ausencia de lo sagrado, como origen último de la eliminación de los límites  establecidos, es la causa última de esta nueva violencia.

(1) Fuente: Topología de la violencia del escritor  Byung-Chul Han

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