Vivir es siempre fascinante

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d-luis-de-moyaD. Luis de Moya sufrió un accidente de coche a consecuencia el cual quedó tetraplejico. Lo que a continuación transcribimos son algunas de sus reflexiones sobre lo bonito que es seguir viviendo.

“Sé que, a raíz del accidente, tendré que poner de modo habitual un esfuerzo mayor que otras personas para cualquier actividad, pero soy consciente de que el empeño valdrá la pena, ya que el resultado, en mi caso, puede ser en bastantes ocasiones superior: en mí mismo, por lo que tendrá de especial enriquecimiento personal, al ejercitar al máximo lo mejor de las cualidades de que dispongo; y en los demás, porque ese empeño supondrá un estímulo para muchos. Y esto, pensando sólo en los beneficios humanos, sin tener en cuenta las consecuencias que, de cara a la vida eterna, puede tener mi vida para mí mismo y para otros.

Hace bastante tiempo que me convencí –lo decía San Josemaría Escrivá– de que la formación de la persona no termina nunca. Siempre se puede mejorar, pues no somos perfectos: ni en lo que sabemos ni en nuestro modo de ser. Me siento muy agradecido por haber recibido esta enseñanza, pues me lleva a sentirme siempre joven y a saber que aún puedo crecer: mejorar, aprender y rectificar mis errores.

Desde que estoy así, sobre ruedas, me siento en un momento ideal para formarme bien. Me encuentro en las mejores condiciones para pensar y también para escuchar: para recapacitar sobre mis actitudes y decisiones pasadas, para preguntarme y responderme con plena franqueza si de verdad han valido la pena algunos empeños de otros tiempos.

Gracias a Dios, esta oportunidad me ha llevado a calar más a fondo en los convencimientos profundos con los que he orientado mi vida. La experiencia que voy teniendo de este “ser muy consciente” o “calar más” es verdaderamente animante.

Desde el punto de vista subjetivo siento una impresión de plenitud, de armonía en el mundo y en la vida, que no recuerdo haber tenido hasta ahora, aunque antes me encontrase físicamente muy bien. Por parte, de los demás noto apoyo permanente y que mi vida les sirve para ser mejores. Podría poner bastantes ejemplos concretos.”

Algunos, para excusarse y tratar de comprender la vida que llevo, me dicen:

—Claro, tú como tienes fe…

Esa es la “absurda” razón que hace que los cristianos vivamos un tipo de vida que ellos no quieren vivir. La fe, en efecto, hace descubrir a Dios y, como dice la liturgia eucarística, por Él, con Él y en Él el existir humano alcanza unas dimensiones inimaginables para nosotros desde todos los puntos de vista.

La fe va iluminándome de forma permanente, de modo que me considero siempre ante mi Dios, contemplado por Él, en su presencia, aunque a mí –lo siento de verdad– con frecuencia se me olvide. Mientras leo, escribo, charlo con un amigo o veo un programa de televisión se me va a veces el santo al cielo –nunca peor dicho– al perder de vista que Él me contempla y me está queriendo y ayudándome como un padre que desea para su hijo pequeño lo mejor.

¡Cuántas veces me quejo por dentro porque no comprendo que las cosas no salgan como a mí me gustaría! Para esos momentos ya me he acostumbrado a pensar que, siendo Quien es, lo sabe todo y lo puede todo, que es infinitamente bueno y me quiere como a un hijo. Se pone en juego la fe, que me sirve para no negarle, tampoco cuando la vida se me pone cuesta arriba –de punta, suelo decir-, cuando me canso y miro las cosas de tejas abajo, pensando en lo duro que es estar como estoy. Apoyándome en la fe, he ido comprobando que todos los días, hasta los más duros, son soportables. Honradamente, no puedo afirmar que haya padecido un excesivo sufrimiento, sino que, para cada momento, para cada circunstancia, he contado con una fuerza interior para amarle. Esto confirma mi fe.

Me siento en una situación de privilegio respecto a los que no tienen fe. Como se siente un astrónomo desde su punto de observación ante el firmamento si se compara con el que sólo dispone de sus sencillos ojos para mirar. ¡Cuántos más detalles de la misma realidad es capaz de captar y transmitir quien dispone de telescopio! Pues lo mismo ocurre con la fe. Gracias a ella veo: creo que un Amor inmenso preside mi vida. Y la de todos, aunque muchos no se den cuenta.

Por resumir mi problema, diría que soy un multimillonario que ha perdido sólo mil pesetas.

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