
El servicio de mapas de Google se ha convertido en motivo de polémica estos últimos días tras la invasión masiva de inmigrantes en Ceuta, por la línea discontinua que tiene establecida en sus mapas en las fronteras de Ceuta y Melilla, al considerarlas «fronteras discutidas».
Google utiliza diferentes líneas para identificar fronteras en sus mapas en función de la situación política de la frontera. Las líneas grises continuas definen fronteras internacionales indiscutibles, y las líneas grises discontinuas fronteras temporales decididas por tratados o aplicadas de facto, fronteras con límites provisionales y fronteras discutidas. Según Google, en el caso de la frontera discutida, hace referencia a “lugares que no están de acuerdo en la definición de la frontera”. Por su parte, Wikipedia explica que “se aplica a los casos en los que dos o más Estados se disputan un territorio limitado
Esto de Google con respecto a Ceuta y Melilla no es nuevo, ya en 2020 un usuario registró un comentario en el foro de Google Maps mencionando esta situación. Además, en 2023, el Observatorio de Ceuta y Melilla cuestionó a su vez esta forma de delimitar las fronteras de las dos ciudades autónomas.
Al preguntar a Google acerca de esta realidad, señaló que para estas decisiones consultan datos de autoridades cartográficas a nivel mundial, como puedan ser las Naciones Unidas, aunque no indicaron fuentes concretas. En principio que Google Maps haya decidido poner una línea discontinua en las fronteras para territorios en los que se duda del país al que pertenecen, en lugar de las líneas continuas del resto de fronteras, parece entendible. Crimea, por ejemplo, fue conquistada por Rusia hace seis años. Hoy en día, Crimea es, de facto, territorio ruso, pero no está reconocido internacionalmente.
Esto no tiene nada que ver con el caso de Ceuta y Melilla, pues han pasado 500 años desde que estas ciudades dejaron de formar parte de los territorios vecinos que existían en ese momento y que hoy forman Marruecos.
Melilla es española desde 1497, cuando fue incorporada a la Corona de Castilla por una expedición de Pedro de Estopiñán, y Ceuta pasó a formar parte de España de forma definitiva en 1668, tras haber pertenecido a Portugal desde 1445 y haberse integrado temporalmente en la monarquía hispánica en 1580.
Antes Ceuta y Melilla dependieron de diferentes reinos, taifas o dinastías. Ceuta y Melilla no eran parte de un Estado unificado llamado Marruecos. El Estado de Marruecos actual nació el 2 de marzo de 1956, por lo tanto, Ceuta y Melilla no son colonias y forman parte de la Unión Europea como parte integrante del estado español.
A pesar de ello, Marruecos ha reivindicado en ocasiones la soberanía sobre estos territorios, que se enmarcan dentro de la teoría del Gran Marruecos, llegando a plantear ante la ONU su consideración como “territorios pendientes de descolonización”. Esta solicitud nunca ha sido respaldada por la ONU. Desde el punto de vista jurídico e institucional Ceuta y Melilla son parte indisoluble de España, al igual que cualquier otro territorio del país, algo que está plenamente definido por la Constitución Española.
Google Maps es una magnífica herramienta cada vez más utilizada y cuya existencia es un privilegio para todos sus usuarios. Precisamente por eso, porque es un instrumento muy útil, sus usuarios deben de exigirle la máxima precisión, y, por motivos obvios, deben de transmitir a sus responsables cualquier anomalía que se detecte para que actúen en consecuencia y en beneficio de todos. Y una anomalía muy perjudicial para nosotros es representar a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla separadas del vecino marroquí tan solo con línea de puntos y no con la línea continua que corresponde a los límites entre dos Estados soberanos.
La línea de puntos es errónea y por tanto confunde y engaña al usuario, pues asimila fronteras que no solo son las internacionales de España con Marruecos, sino también fronteras exteriores de la Unión Europea (UE), con territorios que parecen estar bajo disputa.
Marruecos es muy incisivo con sus mapas y logra que instituciones oficiales asuman sus planteamientos, como ocurre con el Sáhara Occidental. España debería ser igual de persistente en defender la integridad de sus fronteras en la cartografía digital.