
Los ciudadanos consumidores, que en muchos casos disponen de amplios márgenes de poder adquisitivo, muy superiores al umbral de subsistencia, pueden influir notablemente en la realidad económica con su libre elección entre consumo y ahorro. Hoy, más que en el pasado, es posible evaluar las alternativas disponibles, no sólo en base al rendimiento previsto o a su grado de riesgo, sino también expresando un juicio de valor sobre los proyectos de inversión conscientes de que «la opción de invertir en un lugar y no en otro, en un sector productivo en vez de en otro, es siempre una opción moral y cultural.
La utilización del propio poder adquisitivo debe ejercitarse en el contexto de las exigencias morales de la justicia y de la solidaridad, y de responsabilidades sociales precisas: no se debe olvidar el deber de la caridad, esto es, el deber de ayudar con lo propio “superfluo” y, a veces, incluso con lo propio “necesario», para dar a las personas vulnerables y sin recursos lo indispensable para vivir. Esta responsabilidad confiere a los consumidores, gracias a que poseemos mucha información, la posibilidad de orientar su decisión de preferir los productos de unas empresas en vez de otras, teniendo en cuenta no sólo los precios y la calidad de los productos, sino también la existencia de condiciones correctas de trabajo en las empresas, el empeño por el respeto del medio ambiente etc.
El fenómeno del consumismo produce una orientación persistente hacia el «tener» en vez de hacia el «ser». El consumismo impide distinguir correctamente las nuevas y más elevadas formas de satisfacción, de esas otras nuevas «necesidades» creadas artificialmente, que son un obstáculo para la formación de una personalidad madura. Para contrastar este fenómeno es necesario esforzarse por construir «estilos de vida, que favorezcan la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la colaboración con las demás personas para decidir opciones del consumo, de ahorro y de inversión adecuadas.
Es innegable que las influencias del contexto social sobre los estilos de vida son notables: por ello el desafío cultural, que hoy presenta el consumismo, debe ser afrontado en forma más incisiva, sobre todo si se piensa en las generaciones futuras, que corren el riesgo de tener que vivir en un ambiente natural esquilmado a causa de un consumo excesivo y desordenado.